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EXTENSIÓN
Escuela de Formación de Ayudantes

Responsables: Susi Epsztein y María de los Ángeles Córdoba
Colaboran: Verónica Wainszelbaum, Carolina Santocono, Nicolás Dedovich, Santiago Hormanstorfer y Julián Pilar

IMPORTANTE:

La inscripción para Ayudante Alumno se realiza del 1 al 15 de octubre, en la Subsecretaria de Orientación al 
Estudiante (SOE), de lunes a viernes de 9 a 18 hs., en la sede de Hipolito Yrigoyen.

Se requiere tener la materia aprobada con siete puntos o mas (Con o sin promoción sin examen final)
Se deberá presentar la libreta universitaria con la materia aprobada y firmada o la verificación académica, que se obtiene a través del Sistema Académico del sitio web de la Facultad.

Las designaciones se realizan por el periodo de un año, de acuerdo al calendario académico.

La Escuela de ayudantes de la Catedra cuenta con una direccion de mail a la que pueden dirigirse: escueladeayudantes@psicoanalisisfreud.com.ar

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Cátedra Psicoanálisis Freud
Titular: Osvaldo Delgado

Con los comienzos de una nueva etapa en la historia de la Cátedra Psicoanálisis Freud I de la Facultad de Psicología de la UBA, en el año 2006 se organiza una Escuela al interior de la misma que se propone intervenir sobre algunos problemas que interpelan a la educación contemporánea en diversos campos.
Esta Escuela para la formación de ayudantes de trabajos prácticos es una experiencia inédita en el ámbito de nuestra Facultad y es un dispositivo que se hace posible a partir de las necesidades y los recursos de la cátedra.
El equipo se constituye sosteniendo como causa la pregunta acerca de la transmisión del psicoanálisis en la universidad, en tanto articulación de dos campos diversos.
 
La propuesta se centra en el recorrido del programa de la materia, en relación con los contenidos y con la interrogación acerca de los modos posibles de su transmisión; en su desarrollo, de un año de duración (con la opción de extenderlo a dos), los participantes concurren a los tres espacios de la cursada –teóricos, seminarios y prácticos-, a las reuniones de cátedra y al espacio propio de la Escuela que permite poner a trabajar el desafío de la enseñanza.
En sus dos primeros años de funcionamiento, la Escuela estuvo dirigida a graduados con distinto recorrido en el ámbito clínico y docente; todos los que egresaron de la misma actualmente están trabajando como ayudantes de trabajos prácticos o como colaboradores docentes.
Posteriormente,  la Escuela sólo quedó abierta para los postulantes a ayudante alumno; se trata de alumnos que aún están cursando la carrera, muchos de ellos ex alumnos de la materia.
Si bien los participantes han ido variando en estos años, la política de la Escuela es invariante. Política que pusiera en el centro de las preocupaciones los problemas que, más allá o más acá de las operaciones técnicas en juego en el acto de educar, pudieran ubicar en su formación y en sus futuras prácticas aquello que resiste a la transmisión.
 
Las fracturas en la transmisión cultural entre las generaciones, las hipótesis acerca de lo que se ha dado en llamar el “miedo a pensar y la “urgencia del no pienso”, y las complicaciones entre los modos de pensar la autoridad en el campo educativo, tanto como las operaciones en juego en los actos de habla como en los de lectura, nos condujeron a orientar la formación pedagógica de los aspirantes a ayudantes de prácticos dentro de este encuadre particular.
En la tensión que se produce entre “el deseo de pensar” y el “miedo a pensar”, y el malestar contemporáneo que produce, el dispositivo organiza un espacio de producciones subjetivas múltiples que, partiendo de lo que señala Enriquez (2007) al respecto, pone a disposición de los nuevos ciertos saberes necesarios para pensar,  partiendo de la convicción de que “pensar no sabría limitarse a inscribirse al interior de un paradigma común que banalizara las formas de la reflexión. Pensar supone la capacidad de sustraerse a las epistemes dominantes de los paradigmas usuales”, exigencia y obligación que hacen del hombre un ser de preguntas, más que de respuestas ya que como Enriquez señala, ubicando reflexiones de Blanchot, “la respuesta es la muerte de la pregunta”.
 
En la experiencia que venimos desarrollando en este dispositivo de formación se trata de eso, de oponer a las prácticas de arrasamiento subjetivo y de dogmatización otras prácticas posibles. Frente al “como sí” de los "sujetos apoltronados" y del discurso cínico posmoderno (que no es el de la antigüedad, sino su reverso trágico), el dispositivo de la Escuela opera buscando conmocionar los modos habituales del “no pienso”. A partir del trabajo de Ranciére, "El maestro Ignorante", sabemos que la igualdad no es nunca un objetivo sino siempre un presupuesto, en donde lo que verdaderamente importa es lo que permite el despliegue y la afirmación de esa “potencia de igualdad”, una potencia de igualdad que es de cualquiera, a condición de que se esté dispuesto a apropiarse de ella, corriendo el riesgo.
 
La política de la Escuela, por el contrario, es la que se sostiene en la producción de un espacio de subjetivación que permita poner en cuestión los obstáculos contemporáneos para la transmisión, dando lugar al desafío de no caer en la mera repetición de significaciones ya establecidas.
Se trata de tomar cada noción, cada concepto en su vida propia, “enseñar lo vivo” “ir de lo sabido a lo no sabido”, siguiendo la “lógica de la interrogación”, como sucede cuando, por ejemplo, un alumno parece repreguntar lo obvio y relanza el vacío en el saber que hace nuevamente de punto de partida a una nueva producción posible. Como dice Heidegger, cuando se trata de una verdadera enseñanza, el aprender es un a-prender, se dirige a lo no sabido; el enseñante desde esta posición dirige su acto al borde de su ignorancia, en el punto del desconocimiento.
 
Es ahí donde la función deseo del enseñante, por el mismo acto de plantear la cuestión del deseo del enseñante  y de cuál es ese deseo, que la cuestión no solamente se plantea sino que además hay enseñanza. Y una enseñanza que se transforma, en sí misma, en una experiencia subjetivante.
Allí donde no se plantea tendremos, nuevamente, a las bellas almas profesorales adormecidas y soñándose a sí mismas en un sueño de grandezas pasadas que no tardan en volverse pesadillas.
 
En este punto, situar la particularidad de la construcción de los conceptos freudianos en conexión con  la particularidad de la transmisión del psicoanálisis, y más  cuando se trata de esas particularidades  en  la Universidad, nos  lleva a servirnos de aquello que  Lacan  nombró como transferencia de trabajo. Este concepto posibilita una operación  en el campo del psicoanálisis respecto de aquello que se transmite: el trabajo mismo que va de un sujeto a otro, ya que no se trata solamente de contenidos a transmitir.  En este punto tanto la dimensión de la enseñanza, como la del saber  y la de la transferencia adquieren un estatuto nuevo.

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La transmisión de un estilo
Julián Pilar, Santiago Hormanstorfer, Nicolás Dedovich y Marina Francalanza

 


 
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Responsables Página Web: Susi Epsztein y Verónica Wainszelbaum
Colaboran: Federico Giachetti, Liliana Mariño, Celeste Silanes y Noelia Sabelli
Responsable Facebook y Twitter: Gerardo Battista
Colaboran: Santiago Hormanstorfer, Julián Pilar y Gisela Contino


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